
Hay una variable que casi nadie mide entre tancada y tancada, y que puede estar afectando silenciosamente la eficacia de cada aplicación: el pH del caldo acumulado en el circuito de pulverización. No es algo que se vea a simple vista. No genera un aviso en la computadora del equipo. Pero está ahí, cambiando con cada preparación, y el laboratorio de AgroSpray tiene los datos para demostrarlo.
En condiciones reales de trabajo, cuando una tancada termina y se carga la siguiente, el sistema de pulverización no queda vacío. El volumen presente en cañerías, bomba, filtros y demás componentes del circuito retiene entre 100 y 300 litros de caldo del lote anterior. Ese remanente es el punto de partida de la nueva tancada.
¿Qué significa eso en la práctica? Que la nueva preparación no arranca desde cero. Incorpora parte de las características fisicoquímicas del caldo anterior, entre ellas el pH. Y si se realizan varias tancadas consecutivas con el mismo producto, algo absolutamente habitual en cualquier jornada de aplicación, esos cambios se acumulan progresivamente, tancada tras tancada, de una manera que la mayoría de los productores y operarios no está midiendo ni contemplando.
Para cuantificar este fenómeno con rigor, el equipo técnico de AgroSpray diseñó un ensayo específico. Se evaluaron cuatro marcas comerciales de glifosato, simulando las condiciones reales de trabajo de un equipo de pulverización: cuatro tancadas consecutivas, con un remanente equivalente al 10% del volumen total de caldo en cada preparación. Las pruebas se realizaron a una dosis equivalente a 2 litros de glifosato por hectárea, con un volumen de aplicación de 50 litros por hectárea.
El resultado fue consistente en todas las marcas evaluadas: a medida que avanzan las tancadas, el pH del caldo desciende progresivamente. El medio se acidifica tancada tras tancada, con variaciones que se acumulan de forma constante a lo largo de la jornada de trabajo.


La conclusión del informe técnico es precisa: ese descenso del pH no debe interpretarse como un indicador de mayor o menor calidad del caldo en sí mismo, sino como un cambio en las condiciones químicas del medio. Y ese cambio puede tener consecuencias concretas sobre el comportamiento de los principios activos cuando se realizan mezclas con diferentes fitosanitarios, porque el pH del caldo en el que esos productos van a actuar ya no es el mismo que el de la primera tancada de la mañana.
El pH del caldo de tratamiento afecta la capacidad de asimilación por parte del cultivo, la efectividad del tratamiento y el tiempo de vida útil del principio activo empleado. No es un detalle menor: es una de las variables más determinantes en la eficacia de cualquier aplicación fitosanitaria.
El agua es el vehículo principal para los tratamientos fitosanitarios, representando hasta el 95% de las mezclas utilizadas en campo. Más del 50% de las aplicaciones pierden efectividad debido a una calidad de agua inadecuada.
En el caso concreto del glifosato, el herbicida más usado en Argentina, el agua con un pH demasiado alcalino (mayor a 7) o con altos niveles de dureza puede reducir la eficacia del herbicida, ya que puede reaccionar con iones presentes en el agua.
Pero el fenómeno del remanente agrega una dimensión que los análisis de agua convencionales no capturan: aunque el agua del campo tenga un pH inicial adecuado, ese pH puede estar cambiando a lo largo de la jornada de trabajo por el efecto acumulativo del caldo que quedó en el circuito. La primera tancada del día y la cuarta no tienen las mismas condiciones, aunque se hayan preparado con la misma agua y el mismo producto.
En moléculas ionizables como el glifosato, la relación entre el pH del medio y el pKa del principio activo determina la proporción de moléculas que se encuentran en su forma ionizada o no ionizada. Una variación progresiva del pH puede modificar la solubilidad, la estabilidad y el comportamiento del producto dentro del caldo, dependiendo de las características particulares de cada principio activo y de las mezclas que se estén realizando.
El hallazgo del ensayo tiene implicancias directas sobre cómo se planifica y ejecuta una jornada de aplicación:

Conocer el problema es el primer paso. El segundo es tener las herramientas para manejarlo.
AgroSpray ofrece Full Control Bio, un secuestrante de cationes y corrector de pH que optimiza la calidad del agua: neutraliza cationes como Ca²⁺ y Mg²⁺, evitando que inactiven moléculas activas como el glifosato, y asegura un pH óptimo para maximizar la estabilidad y eficacia de los agroquímicos.
Hard, el otro corrector de pH de la línea AgroSpray, está especialmente desarrollado para aguas duras con alta concentración de minerales. Su uso garantiza que el caldo arranque en las condiciones adecuadas y que la corrección sea efectiva y duradera a lo largo de la preparación.
Ambos productos actúan en el momento de la carga del tanque, antes de incorporar los fitosanitarios. Eso significa que la corrección opera sobre las condiciones de partida de cada tancada, incluyendo el remanente que quedó del lote anterior, y no solo sobre el agua nueva que se agrega.
El uso sistemático de correctores de pH en cada preparación no es un gasto extra. Es la forma de garantizar que el producto fitosanitario que se paga, se aplica y se espera que funcione llegue al cultivo en las condiciones que el fabricante diseñó para que actúe. Al verificar y corregir el pH del agua antes de preparar el caldo, se logra incrementar la efectividad del tratamiento, mantener los principios activos en las mejores condiciones durante más tiempo y optimizar el uso de los recursos.

Este tipo de ensayo es exactamente el trabajo que el laboratorio de AgroSpray hace de manera continua: identificar variables que el productor no ve en el campo pero que están impactando en sus resultados, medirlas con rigor, y traducir esos datos en recomendaciones concretas y herramientas accesibles.

El pH acumulativo del remanente es uno de esos factores invisibles que, una vez conocido, cambia la forma de planificar una jornada de aplicación. No requiere tecnología costosa para manejarlo. Requiere información, protocolo y los correctores adecuados en el momento justo.
En AgroSpray seguimos desarrollando este tipo de investigación aplicada porque creemos que la diferencia entre una aplicación que funciona y una que no suele estar en los detalles que nadie midió. Y medir es exactamente lo que hacemos.
¿Querés acceder al informe técnico completo o recibir asesoramiento sobre el manejo del pH en tus aplicaciones? Contactate con el representante AgroSpray de tu zona o escribinos por WhatsApp.
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