El agro en Argentina constituye la actividad económica de primer orden. Las cifras demuestran que la producción agrícola dinamiza amplios sectores de la producción nacional. La exportación es la carta fuerte por su valor estratégico.

¿Podés imaginar una Argentina sin agricultura? La realidad es que los avances alcanzados por la tecnificación del campo argentino remarcan su influencia cultural y económica. Solo el desarrollo sostenible del agro puede perfilarse hacia el futuro.

Si querés conocer mejor las dimensiones del negocio de la agricultura en el país, podés seguirnos en esta lectura.

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Importancia del agro en Argentina

El agro en Argentina debe ser entendido con números. Según el informe de FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina) publicado en septiembre de 2019, nuestras cadenas agroalimentarias aportan:

  • El 22% del empleo privado nacional, es decir, 2 de cada 10 puestos de trabajo privado.
  • El 9,92% del PIB argentino, o dicho de otra manera aporta 1 de cada 10 pesos al país.
  • El 10,6% de los impuestos considerados de recaudación tributaria directa de AFIP.
  • El 59% de las exportaciones nacionales de bienes, lo que equivale a 6 de cada 10 dólares.

Las ventas de maquinarias agrícolas constituyen otro indicador válido para estimar el impacto del agro en la economía nacional. En 2018, últimos datos disponibles, hubo ventas por el orden de los 1.097 millones de dólares americanos.

¿Qué produce Argentina?

El espectro de la producción del agro en Argentina es muy variado. Se conoce ampliamente la producción cárnica y láctea nacional. Ahora bien, por su tasa de crecimiento de la producción resaltaremos las siguientes cadenas agroalimentarias:

  • Cereales y oleaginosas: 109 millones de toneladas de granos. Pensemos que en 1997/98 apenas se produjo casi 64 millones.
  • Bioetanol y biodiesel: 3.858 millones de litros.
  • Frutas, verduras, legumbres y hortalizas: 9 millones de toneladas.

Para darnos cuenta de las dimensiones del mercado, hay que pensar cuánto influye esta actividad en la cadena de insumos y la maquinaria para producir.

El agronegocio 

El agro en Argentina es una actividad económica integrada en las cadenas agroalimentarias y agroindustriales. Producir alimentos y materias primas se enlaza con la creación de valor agregado, la recaudación tributaria y las divisas.

Igualmente, la producción de las regiones se articula con la industria, porque no existe dicotomía entre esta y el campo. Tal condición puede verse en el impulso agrícola generado por la instalación de plantas productoras de biocombustible.

Debe entenderse el negocio agrícola como un rizoma donde se relacionan actividades de muy diversa índole. Pensemos en el desarrollo y consumo de tecnologías, informática, implementos satelitales, agroquímica y maquinarias.

La agricultura constituye la base de la pirámide económica, porque produce para el procesamiento interno y para la exportación. Este tránsito dentro de la cadena impacta positivamente el empleo, el consumo y la creación de riqueza.

La necesidad de incrementar la productividad para competir en un mercado internacional exigente requiere del concurso de empresas de servicios agrícolas. De esta forma se incorporan técnicas, maquinarias modernas e insumos diversos.

Resulta muy provechoso tener presente que en este panorama del agronegocio las alianzas entre las empresas aumentan la rentabilidad. El impacto tecnológico favorece la integración de empresas especializadas con áreas complementarias.

El papel del agro en Argentina en la economía nacional

Asesoramiento del Agro en Argentina

Lejos de divagar con generalidades alrededor del tema del agro en nuestra economía, preferimos ilustrar con un ejemplo concreto. Tal ejercicio nos permitirá valorar el verdadero papel dinamizador de la actividad agrícola.

Partamos de que, en el registro de 2019, el agro en Argentina produjo 109 millones de toneladas de cereales y oleaginosos. Esa magnitud de cosecha implica un aumento de la actividad económica derivado del manejo y procesamiento de los granos.

Por concepto de fletes de transporte habría que tomar en cuenta que:

Esta producción requiere movilizar ese volumen multiplicado por 1.3, dados los diversos trayectos y procesos. Los granos se transportan a acopios e industrias y luego de ser procesados. Entonces, 109 millones de toneladas se tornan en 142.5.

Para realizar tal labor, se requiere contratación de empleados. Por otra parte, debe tenerse presente que el 85% de dicho transporte se realiza en camiones. Así, la actividad agrícola genera diversos trabajos indirectos aguas abajo en la cadena.

Otras cifras aclaran más el impacto económico. Los 121,1 millones de toneladas transportados en camiones se traducen en 4,4 millones de viajes. Con una distancia promedio recorrida de 166 km, significa 2.335 millones de dólares en pago de fletes.

Este ejemplo permite ejemplificar el impacto económico de la agricultura después de la cosecha. Vale la pena pensar en cuáles otros beneficios se generan en los eslabones precedentes y siguientes de la cadena agroalimentaria.

Argentina sin Agro

Posiblemente sea provechoso plantearse la hipótesis, negada de entrada, de una Argentina sin agricultura sólida y tecnificada como la actual. Tal ejercicio nos podría ayudar a valorar los logros alcanzados durante décadas de modernización del agro.

Calibremos los efectos de retroceder de una última producción de 109.614.083 de toneladas de cereales y oleaginosas a las 63.870.497 de 1997/98. Imaginemos sus implicancias negativas de carácter laboral, ambiental, social, económico y cultural.

El lugar privilegiado de la agricultura argentina en el panorama mundial invita más bien a aprovechar las ventajas. La inversión realizada para tecnificar cada vez más el agro es la mejor decisión para alejar la distopía de una Argentina sin agro.

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Conclusión

El agro en Argentina es la expresión de un proceso de desarrollo con base en la tecnificación de las campañas. Representa la convergencia de productores, capitales, tecnologías, industria, empresas de servicios agrícolas y trabajo.

Los indicadores económicos apuntan a que se debe invertir con confianza en un sector sólido y rentable. La realidad circundante que se avizora está marcada por el aumento de la productividad con incorporación de tecnologías de punta.

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